Una mujer que nació entre las montañas de Nariño y creció con el corazón más grande que sus cumbres. A los 14 años cargaba el peso del mundo en sus hombros, pero llevaba una chispa de vida inquebrantable. Waldina no solo sobrevivió las tormentas — las convirtió en alas.
Sus hijos y su familia son el reflejo de cada sacrificio, cada madrugada, cada lágrima que regó con amor esta historia extraordinaria.
Gracias, abuela. Gracias, Waldina. ❤️
Rosales — Una historia de fortaleza y amor infinito
✦ 28 de Mayo, 1950 · San Francisco, Nariño ✦
Raíces y Amor
Cronología de Vida
El 28 de mayo de 1950, entre las montañas andinas de Nariño, llega al mundo Waldina Benavídez Rosales, hija de Carlos y Julia. Sus primeros años: niebla, montañas y valores de familia humilde llena de amor.
San Francisco es un municipio de Nariño en las laderas del macizo colombiano. Paisajes de niebla, cultivos de papa y tradiciones indígenas forjaron el espíritu libre y resistente de Waldina desde la cuna. La naturaleza nariñense vive en su alma para siempre.
La niñez de Waldina transcurre con carencias económicas pero en un hogar lleno de valores, unión y resistencia. El entorno cultural nariñense moldea su carácter desde pequeña.
En la Colombia de los años 50, las mujeres del campo cargaban múltiples roles: cuidadoras, trabajadoras, guardianas de la cultura. Waldina creció viendo esa fortaleza femenina y la hizo completamente propia. Esas raíces la definieron para siempre.
Con 14 años inicia su vida laboral en casas de familia en trabajo doméstico. Se forja en dignidad y constancia, sosteniendo a sus padres sin perder la esperanza de un mejor mañana.
"Trabajar no me quitó los sueños, me los fortaleció." Ese podría ser el lema de Waldina. Mientras sus manos trabajaban, su corazón seguía soñando con un futuro mejor. Nada pudo apagar esa chispa que ardía en ella.
A pesar de jornadas largas, Waldina asistía al colegio. Llegó hasta 9.° de bachillerato antes de que las circunstancias económicas la obligaran a pausar — pero nunca a abandonar.
Estudiar mientras se trabaja implica llegar cansada al aula, hacer tareas a media luz y aun así presentar exámenes con dignidad. Waldina lo hizo durante años. Esa determinación fue la que luego transmitiría a sus hijos Lola y Erwin.
Conoce al señor Álvarez. Nace su primera hija Olga, quien sería su madrina. El machismo de la época marcó esa relación, pero Waldina eligió su libertad con valentía y siguió adelante.
En los años 70, separarse en Colombia era tabú. Waldina tomó la decisión más difícil y la más valiente. Se negó a que el machismo escribiera su historia. Esa valentía fue un acto de amor propio radical y poderoso.
El destino le tenía guardado un amor real. Waldina conoce a Alonso Risueño, de Pasto. Trabajador y honesto. Se enamoran y deciden construir juntos una nueva vida en Cali.
Alonso llegó a la vida de Waldina como llega la primavera: sin avisar, pero llenándolo todo de color. Juntos decidieron que Cali sería su hogar, y allí escribirían los mejores capítulos de su historia — Lola y Erwin.
Waldina y Alonso llegan a Cali. Él en construcción, ella en trabajo doméstico con allegados. Nacen Lola del Carmen y Erwin Adrián — el mayor orgullo de su vida.
Cali en los 70 era ciudad en expansión, llena de oportunidades. Waldina y Alonso llegaron con poco pero con algo que vale más: tenerse el uno al otro y el sueño de una vida mejor para sus hijos.
Años después de pausarlo, Waldina retoma sus estudios y termina el bachillerato. Un logro monumental que prueba que los sueños no tienen fecha de caducidad.
Terminar el bachillerato mientras se cría una familia y se trabaja es una hazaña colosal. Este logro de Waldina es el símbolo de que la educación siempre vale la pena, sin importar cuánto tiempo tome llegar a la meta.
Lola del Carmen y Erwin Adrián terminan el colegio y comienzan su vida laboral. El esfuerzo de Waldina y Alonso da sus frutos: dos hijos independientes, fuertes y llenos de valores.
Cada madrugada de Waldina tenía un propósito: darles herramientas para ser libres. Y lo logró. Lola y Erwin son su obra maestra, su legado más hermoso e imperecedero.
Waldina dejó el trabajo doméstico para reinventarse. Hoy vende productos de cuidado de piel y artículos del hogar. Sus hijos son independientes y ella sigue siendo el corazón de la familia.
De los campos de Nariño a las calles de Cali, Waldina tejió su vida con hilos de trabajo, amor y resistencia inquebrantable.
Una Vida Extraordinaria
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Raíces Culturales
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